El mismo día en que dijo a su esposo que estaba embarazada, él murió en un atentado. A los pocos días, las fuerzas de seguridad detuvieron al desalmado que se lo llevo por delante cuando viajaba en el autobús y ella ya había tomado su decisión.
Embarazada, salida de una profunda depresión, sola y fiel a sus pensamientos trabajó como voluntaria en el centro donde se encarceló al asesino. Cada día, con su avanzado estado, entraba y salía del recinto, fresca, saludando a todo el personal, esperando el final del camino. Por fín nació una criatura preciosa, igualita a su padre. Ella convaleciente y con el alma dolorida cambió la identificación al bebé, dejándolo a buen recudo, se maquilló como para cumplir con la más osada de sus cobardías y portando una falsa barriga, se dijo que ese día su visita sería diferente. Un día más, no pasó ningún control, los dioses estaban con ella. Voló por los aires, llevándose al hijo de puta.







